Blanco Nuclear
Cuando María Antonia llegó a casa después de trabajar, notó que algo había cambiado. Fue nada más abrir la puerta y ver refulgir la luz blanca del mediodía en muebles y suelos como nunca lo había hecho. Ni siquiera estaba la mancha de café del desayuno que había volcado Uñitas, su gato, por la mesa del salón. También olía extraño, como a ambientador de limón de esos que usan en lo váteres de los cines.
Sorprendida, María Antonia entró a su casa despacio para no hacer ruido. Era posible que Marco, su marido, hubiese llegado antes de la oficina puesto que esa misma noche había regresado de un viaje de trabajo por Borneo. Con esta idea, María Antonia atravesó el salón de puntillas y miró en el estudio, en el baño y en el dormitorio, sin encontrar rastro de su marido. Tampoco de Uñitas al que no paró de llamar en voz baja.
Fue al entrar en la cocina cuando a María Antonia el estómago se le subió a la garganta del sobresalto. En el suelo estaba la maleta vacía que Marco se había llevado a Borneo, y la ropa que debía estar dentro para lavar, relucía perfectamente limpia y planchada sobre la encimera.
Asustada, María Anotia fue hacia la terraza donde pensó que podía gritar si ocurría algo raro, y además aprovechar para llamar al despacho de su marido.
-Amor, ¿dónde estas?
-Ya sabes, en la oficina reunido, luego te llamo.
-Espera cariño ¿has estado en casa por la mañana?
-No ¿por? ¿pasa algo?
-Imagino que no has contratado alguien para hacer las tareas de la casa ¿verdad?
Hubo un silencio largo
- Antonia, ¿Te pasa algo?
-Nada amor. Todo está bien. Un beso.- colgó.
María Antonia se dirigió de nuevo a la cocina y abrió la lavadora, de ahí salía ese olor a limón que inundaba la casa. También había dentro un trapo blanco que no reconocía. Metió la mano y el tacto le hizo darse cuenta de que no era un trapo, era Uñitas. Ahogado, con los ojos blanquecinos y con los huesos molidos después del centrifugado.
Entonces un fulgor ilumino la cocina al tiempo que, en mitad de la nada, apareció un agujero azul claro y deforme que se contaría y expandía con un zumbido. María Antonia se tapó los oídos y muy quieta contempló noqueada como una mujer atravesaba ese agujero y se situaba frente a ella. Era alta, rubia y vestida de blanco y azul eléctrico. Aquella mujer extraña miró a su alrededor y con pasos firmes y una sonrisa cordial fue hacia María Antonia que permanecía estática. El agujero desapareció de repente.
-Hola, vengo del futuro para traerte la nueva lejía superior. -Aquella mujer extraña agarraba de un asa una botella muy blanca ante los ojos de María Antonia. -Con ella deberás lavar toda tu ropa. Mira, no salpica y deja los tejidos más protegidos. La mujer volcó un poco de ese liquido sobre la encimera.
-Pero… tu.. ¿quien eres? – Titubeo María Antonia al tiempo que pasó su mano por la ropa de la mujer del futuro. Jamás había visto una tela tan blanca y resistente. Como si fuese nueva, sin amarillear.
-Me envía la ONU futura para encomendarte la misión de lavar toda la ropa de esta casa. Tu marido ha traído de su viaje a Borneo una bacteria que en pocos días diezmará a la población mundial. Sólo se puede eliminar con esta lejía superior. Yo he hecho el trabajo inicial, pero tu deberás continuarlo. Ahora la blancura futura, es tuya.
-¿Me está diciendo que mi marido esta enfermo? – María Antonia estaba a punto de echarse a llorar y la mujer del futuro pareció dudar antes de seguir hablando.
-Dejará de estarlo. Una compañera está en su trabajo acabando con el foco de la infección.
-¿Pero este liquido no le hará daño en la piel?– Dijo María Antonia agitando tímidamente la botella de lejía con tecnología antibacteriana.
-La infección ya está en su sistema linfático y este liquido no puede  terminar con ella.
-¿Terminar con ella? ¿Entonces? ¡Dios mío… ¡ le haréis lo que a Uñitas…
- Uñitas había jugueteado con la ropa sucia del suelo y la bacteria también había pasado a su sistema linfático. Ha sido necesario.
María Antonia agarró con determinación la botella de lejía. Pesaba. Se enjugó una lagrima ante la mirada de comprensión de la mujer del futuro, abrió el tapón y olio el liquido con intensidad para después llevárselo con decisión a la boca. La mujer extraña se abalanzó para quitárselo, y en ese instante María Antonia  le escupió como un aspersor toda la lejía sobre los ojos. Un rugido de dolor salió de la garganta de ambas. Mientras María Antonia enjuagaba el terrible ardor sabor a limón de su garganta bebiendo del grifo, la mujer del futuro, arrodillada en el suelo, se frotaba los ojos con sus manos blanquísimas, al tiempo que chillaba que se había quedado ciega. En ese instante María Antonia aprovechó la posición de la mujer para golpearla con una sartén del fregadero una vez, dos veces, tres, cuatro.
Cuando la mujer quedó inconsciente cogió el teléfono y llamó a su marido. Marcó equivocándose dos veces por los nervios. A la tercera lo consiguió.
-Dime. Sigo reunido. – María Antonia respiró aliviada.
-Sal de ahí ahora mismo.- Gritó fuera de si.
-¿Cómo? Pero ¿Qué te pasa?
-Vete, sal de tu despacho, hazme caso…
-María Antonia, no tiene gracia. Ni pizca de… – Marcos se calló repentinamente. Al otro lado de la línea se escuchaba el mismo zumbido con el que había aparecido la mujer extraña en su casa…
-Huye, van a por ti, huye… Marco… Corre.
Lo siguiente que escuchó María Antonia fue el grito ahogado de su marido y un golpe seco como cuando algo voluminoso cae al suelo. María Antonia le llamó desesperadamente por el auricular pero no le contestó. Después la línea de teléfono se cortó, y aunque volvió a llamar seis veces más, nadie le contestó.
Con los ojos llenos de lágrimas y la garganta en carne viva, María Antonia contempló a la mujer del futuro inconsciente y tendida en el suelo. A sus pies estaba el cadáver de Uñitas limpísimo, con olor a limonar y los ojos abiertos y blanquecinos clavados en el vacío. María Antonia quiso llorar desesperadamente pero no pudo, tenía la misma sensación de cuando estaba enferma y quería vomitar. Trató de calmarse pensando en la posibilidad de que su marido no hubiese muerto. Quizás el golpe que escuchó fuese el de la persona enviada del futuro después de que su marido se defendiera. Quizás tiró el teléfono para escapar antes de que la mujer cruzara completamente el agujero espacio-temporal. No estaba todo perdido.
María Antonia fue a la ventana de la cocina para respirar aire fresco. Subió las persianas y vio más ropa que esa mujer extraña había tendido fuera.  Estaba blanquísima y parecía más resistente que nunca, como nueva. Entonces, al ver las cuerdas llenas de ropa supo lo que tenía que hacer. María Antonia fue al cajón de los cubiertos, cogió un cuchillo y cortó las cuerdas de la ropa dejando caer las camisas impecablemente blancas al patio interior. Después agarró con decisión los brazos de la mujer del futuro y le ató las manos a la espalda para que no se pudiera mover. Tenía los ojos quemados y la cornea se había convertido en algo parecido a clara de huevo.
Echó las persianas, cogió una bolsa de la basura y llenó una jarra de agua helada. Después se arrodilló ante la mujer del futuro y le echó por encima el agua para que despertara. La mujer dio un respingó y empezó a chillar. María Antonia, nerviosa, le pulso la bolsa de plástico en la cabeza haciendo presión en la nariz y la boca. El cuerpo de la extraña empezó a convulsionarse.
-¡No grites o no te quitare la bolsa! ¿Me entiendes? ¡Haz un gesto con la cabeza para que sepa que me entiendes!
La mujer empezó a asentir con ímpetu y María Antonia le quito la bolsa.
-Vale. Te voy a preguntar sobre tu visita y quiero que me digas la verdad. Necesito que seas muy sincera para que todo se solucione lo mejor posible ¿de acuerdo?
-Desátame y hablaremos – masculló la mujer del futuro.
-No lo hagas más difícil– María Antonia hizo sonar la bolsa de plástico.- Quiero que me cuentes como os transportáis de una época a otra.
-Es alto secreto, no puedo contest….- María Antonia volvió a poner la bolsa en la cabeza de la mujer apretando esta vez la garganta con fuerza al pensar en su marido y en uñitas. Después de unos segundos y cuando el cuerpo se quedó sin resistencia le retiró la bolsa.
-Quiero que me contestes. En esta época no existes y nadie te va a echar de menos. Quiero saber cómo os transportáis- La mujer del futuro estaba sin aliento y sus pupilas oscuras se movían por los ojos como un insecto atrapado dentro de una botella. Dudaba en hablar. María Antonia estiró la bolsa y se la puso sobre la frente.
-¡Mis zapatos! – gritó – Al chocar los tacones tres veces se abre el agujero espacio-temporal que nos lleva de regreso a nuestra época.
Con un impulso María Antonia se abalanzó a los pies de la mujer del futuro que trató de impedirlo girando sobre si misma. Tras un breve forcejeo logró quitarle los zapatos y se los puso. Eran blancos y brillantes, con los tacones y la puntera metalizados. Le estaban un poco grandes y se metió papel de cocina en las puntas para que no se le salieran al andar. La mujer del futuro seguía en el suelo forcejeando y dando alaridos. María Antonia agarró la sartén de nuevo y le golpeo la cabeza hasta seis veces hasta que se quedó inconsciente. Después fue a la encimera y agarró el cuchillo con el que había cortado las cuerdas y lo escondió en la chaqueta. Con mucho mimo agarró el cadáver de Uñitas y se lo puso sobre el hombro, después se arregló el pelo con la mano y sin pensarlo chocó los tacones tres veces.
Un fulgor azulado iluminó de nuevo la cocina mientras empezó a abrirse en el aire el agujero que se contaría y expandía con un potente zumbido. Esperó unos segundos a que tuviese un tamaño por el que cupiese con facilidad y entró.
María Antonia se sentía flotar en una oscuridad mientras veía su cocina al otro lado del boquete cósmico. Sin saber como reaccionar en ese lugar pensó que lo mismo, para que se cerrase el portal del presente y se abriese el del otro lado, tendría que volver a chocar los tacones. Así que lo hizo. En ese instante un nuevo agujero nació tras de ella al tiempo que se cerraba por el que había entrado. Sonrió contenta al ver que su lógica había funcionado y acarició a Uñitas que colgaba sobre su hombro como una bufanda. Pero la alegría duró poco. Cuando el agujero del presente estaba apunto de cerrarse, vio a su marido entrar en la cocina con la cara desencajada y la ropa llena de sangre. Sus miradas se cruzaron unos segundos.  Después el agujero se cerro definitivamente. María Antonia volvió a chocar los tacones con desesperación, pero no ocurría nada. Solo notaba que la entrada que daba a la otra época le absorbía con fuerza y que el zumbido era cada vez más ensordecedor.
Lo que vio María Antonia al otro lado fue una habitación completamente vacía con una ventana cubierta con una tela. Parecía de noche o muy nublado. Olía a limón y a humo. A carne podrida y quemada. En una esquina muchas botellas blancas como la que le había traído la mujer extraña y sobre las paredes multitud de hojas de periódicos con el anuncio de aquella lejía del futuro. María Antonia apartó la tela de la ventana para contemplar una ciudad sin fin, con edificios medio derruidos y ardiendo que se perdían en la inmensidad. Después pensó que lo primero que debía hacer en esa tierra extraña antes de nada sería buscar un lugar donde enterrar a Uñitas. Ya no olía a limón.

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  1. goyo

    6 sartenazos seguidos es una pasada de dolor de cabeza!
    es buenisimo!

    queremos segunda parte!

    mar 14, 2012 @ 12:42

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